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Exportaciones manufactureras alcanzan récord histórico pero exponen vulnerabilidades críticas en energía y alimentos

Durante 2026, México registra un desempeño comercial ambivalente: mientras las ventas externas de productos no automotrices alcanzaron cifras sin precedentes de 436,637 millones de dólares con un crecimiento del 46 por ciento, persisten alarmas preocupantes en sectores estratégicos como petróleo y granos básicos. El impulso en exportaciones manufactureras obedece principalmente al auge de centros de datos e infraestructura de Inteligencia Artificial en Estados Unidos, generando mayor demanda de componentes informáticos fabricados en estados como Jalisco, Chihuahua y Baja California. Sin embargo, especialistas advierten que esta bonanza en el sector industrial no compensa desde una perspectiva estratégica los déficits estructurales que enfrenta el país. En materia energética, México presenta una dependencia crítica de combustibles importados. Durante los primeros nueve meses del año, el país importó gasolina, diésel y turbosina por 42,035 millones de dólares, mientras que las exportaciones petroleras sumaron solo 16,351 millones de dólares, generando un déficit acumulado de 25,684 millones de dólares. Actualmente, México compra en mercados internacionales el treinta por ciento del consumo interno de diésel y el cuarenta y ocho por ciento de gasolina, convirtiéndose en el principal cliente de las refinerías estadounidenses. Aunque la producción de refinados en plantas de Pemex mostró mejoras en el primer semestre, alcanzando incrementos del diecinueve por ciento en diésel y porcentajes menores en otros combustibles, estas cifras resultan insuficientes para cerrar la brecha comercial. La situación adquiere mayor gravedad considerando que hace un mes el presidente Trump evaluó suspender exportaciones de diésel estadounidense, escenario que podría agudizar la vulnerabilidad energética nacional. En el sector agrícola, la dependencia externa es aún más severa. Datos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas indican que la producción nacional apenas cubre el cuarenta y dos por ciento del consumo interno de granos y oleaginosas, obligando al país a importar once mil novecientos dos millones de dólares en maíz, trigo y soya entre enero y septiembre. México ocupa el primer lugar mundial como importador de maíz y el segundo en importaciones de granos y oleaginosas globalmente, superado únicamente por China, cuya población es diez veces mayor. Durante este período, las compras de maíz aumentaron un cinco punto ocho por ciento en volumen y cuatro punto dos por ciento en valor, mientras que las importaciones del complejo de soya experimentaron incrementos de dieciséis por ciento en volumen y veintitrés punto ocho por ciento en valor, llegando a tres mil trescientos veinticinco millones de dólares. Aunque México mantiene autosuficiencia en maíz blanco y frijol, enfrenta una dependencia creciente de maíz amarillo, insumo fundamental para la ganadería y múltiples aplicaciones industriales.

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