La historia de Cristiano Ronaldo en la selección portuguesa ha llegado a su capítulo final, y contrario a lo que muchos esperaban, no fue el propio jugador quien decidió partir. Tras mostrar su descontento desde el Mundial anterior, sus compañeros de equipo y el nuevo entrenador Jorge Jesús dejaron clara su posición: el astro portugués ya no tiene lugar en el proyecto nacional. En un giro que recuerda su abrupta salida del Manchester United, CR7 abandonó la concentración del equipo después de que el técnico informara que no participaría en dos encuentros programados. A través de redes sociales, el deportista anunció que próximamente ofrecería explicaciones, limitándose a enviar buenos deseos a sus compañeros con la frase: Ahora es el momento de desearles buena suerte. Este acontecimiento invita a reflexionar sobre directivos de larga trayectoria que se resisten a ceder sus posiciones. Cuando se ostenta poder e impacto, es comprensible la reluctancia a dar un paso atrás. Sin embargo, existen señales claras que indican cuándo es hora de actuar. En primer lugar, los números hablan: aunque Ronaldo permanece como máximo goleador histórico de Portugal, su aporte ha disminuido notablemente. Entre 2016 y 2019 promediaba un gol por partido, cifra que solo recuperó esporádicamente en 2023 y 2025. En segundo lugar, la cultura organizacional se ha deteriorado. Múltiples declaraciones de compañeros revelan incomodidad con su presencia, independientemente de su talento individual. Cuando alguien no es valorado dentro de un grupo, por excelente que sea, simplemente no pertenece allí. Finalmente, la falta de planificación sucesoria agravó la situación. Aunque Ronaldo es insustituible en números, nunca se permitió que otros jugadores desarrollaran su potencial en su ausencia, dejando a la selección sin opciones reales de transición.
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