La Organización Mundial de la Salud reconoce al dengue como una patología infecciosa de origen viral que resulta de la acción de cuatro serotipos distintos del agente causal. La propagación de esta enfermedad ocurre fundamentalmente a través del contacto con mosquitos portadores del virus, siendo particularmente frecuente en territorios de clima tropical y subtropical, especialmente en contextos urbanos y semiurbanos. Las manifestaciones clínicas varían considerablemente entre los pacientes infectados. Algunos individuos permanecen asintomáticos o presentan cuadros leves, mientras que otros desarrollan sintomatología más evidente caracterizada por elevación térmica, cefaleas intensas, mialgia, artralgia, vómitos y manifestaciones dérmicas. En la mayoría de los casos no complicados, la recuperación se completa dentro de dos semanas. Cada 26 de agosto se dedica a visibilizar esta problemática de salud pública mediante el Día Internacional contra el Dengue, permitiendo educar a comunidades sobre medidas preventivas y control de la enfermedad. Cuando la infección progresa hacia el dengue grave, pueden presentarse complicaciones potencialmente fatales. Los indicadores de alarma incluyen dolor abdominal severo, regurgitación continua, aceleración respiratoria, sangrado en mucosas, presencia de sangre en secreciones digestivas, astenia y signos de hipoperfusión tisular. La OMS advierte que reinfecciones por serotipos alternativos elevan significativamente la probabilidad de desarrollar formas graves de la enfermedad. Ante la aparición de fiebre y síntomas sugestivos, resulta imprescindible buscar evaluación profesional. No existe terapia antiviral comprobada, por lo que el manejo se basa en el seguimiento clínico individual, siendo necesaria la hospitalización en casos críticos. La automedicación con antiinflamatorios no esteroideos está contraindicada por su potencial para agravar fenómenos hemorrágicos. El paracetamol se considera la opción farmacológica apropiada para control sintomático mientras se evalúa la progresión del cuadro. El mecanismo de transmisión implica que un mosquito infectado inocule el patógeno mediante la picadura después de haberse alimentado de un hospedero enfermo. Posteriormente, el vector transmite la infección a nuevos individuos. El Aedes aegypti representa el principal transmisor, aunque Aedes albopictus también participa en la cadena epidemiológica. Estos artrópodos proliferan en ambientes con acumulación de agua estancada, convirtiendo espacios residenciales en focos de reproducción cuando persisten depósitos sin tratar.
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