Dos sucesos violentos en planteles educativos de Querétaro y Torreón ocurridos con apenas 24 horas de diferencia han revivido el debate sobre la seguridad en las instituciones escolares de México. El 30 de septiembre, un menor de 13 años portando dos cuchillos ingresó a una secundaria queretana, causando heridas a cuatro personas. Al día siguiente, dos exestudiantes de 18 años penetraron en una secundaria de Torreón, Coahuila, armados con objetos punzocortantes y explosivos improvisados, resultando en la muerte de la subdirectora y cuatro heridos más. Aunque los actos de violencia armada en aulas resultan inusuales en el país, su ocurrencia no es desconocida. A lo largo de los últimos veinticinco años, armas de diversa índole han ingresado a establecimientos educativos mexicanos, afectando a estudiantes, maestros y personal administrativo. Incidentes como los del Colegio Americano del Noreste en Monterrey durante 2017 y el Colegio Cervantes en Torreón en 2020 generaron gran impacto mediático y propiciaron conversaciones sobre control de armas en menores, medidas de seguridad institucional y prevención de comportamientos de riesgo. Los eventos recientes han introducido un nuevo aspecto al análisis: la influencia de plataformas digitales y material violento disponible en redes sociales. Tras el ataque en Torreón, las autoridades federales comunicaron que elaboran normativa para exigir a empresas tecnológicas mecanismos de identificación, notificación y eliminación expedita de contenido que promocione violencia de forma explícita. Un análisis retrospectivo desde 2001 registra cuando menos doce sucesos significativos vinculados con armas y comportamientos violentos en espacios escolares del país. La naturaleza de estos eventos varía considerablemente: ciertos casos constituyeron agresiones deliberadas dirigidas contra alumnos o docentes, uno involucró un disparo involuntario, mientras otro correspondió a un acto autolítico dentro de las instalaciones. En primer lugar, la Secundaria 163 de Iztapalapa vivió un trágico suceso el 23 de mayo de 2001, cuando un adolescente de catorce años portó un arma de fuego calibre punto veintidós al plantel localizado en la colonia Leyes de Reforma. Durante la hora de recreo, el joven extrajo el revólver de su mochila y, tras despedirse de su pareja, se autoinfligió un disparo en la región craneal ante la presencia de numerosos condiscípulos. Este acontecimiento generó reflexiones sobre la accesibilidad de armamento entre población menor y su presencia en recintos educativos. Distinto de otros sucesos documentados, este episodio no representó una agresión dirigida contra terceros, sino un suicidio mediante arma de fuego ejecutado dentro del establecimiento. En segunda instancia, el Instituto Ángel del Campo, institución educativa privada radicada en Iztapalapa, fue escenario de un incidente trágico el 14 de mayo de 2004. Un alumno de trece años ingresó con un revólver al plantel. Conforme a testimonios iniciales, el menor había obtenido el arma con intención de resguardarse de actos delictivos externos y decidió llevarla al colegio para compartirla con sus pares educativos.
- direccion@lavozdepuebla.com
- Lun - Dom: 8:00 - 20:00