En su conferencia de prensa matutina del viernes 2 de octubre, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum Pardo se dirigió desde Palacio Nacional para conmemorar uno de los momentos más trágicos de la historia nacional: la represión del movimiento estudiantil ocurrida hace cinco décadas y media en la Plaza de las Tres Culturas. Sheinbaum enfatizó el compromiso del gobierno actual de que tales hechos no vuelvan a repetirse, manifestando con rotundidad: Nunca más una represión del Estado a un movimiento social. La mandataria federal señaló que el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz fue el principal responsable de aquella represión, quien además fungía como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Expresó solidaridad con los sobrevivientes y familias de las víctimas de 1968. La conmemoración anual del 2 de octubre reúne año tras año a estudiantes, organizaciones civiles y ciudadanía en general para preservar la memoria de estos sucesos. El movimiento de 1968 surgió entre estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional que demandaban mayores espacios democráticos, respeto a los derechos humanos, liberación de presos políticos y apertura al diálogo gubernamental. Pronto se sumaron a las protestas docentes, trabajadores e intelectuales que cuestionaban las políticas represivas, las detenciones sin fundamento y la restricción de libertades políticas. Durante varios meses, las movilizaciones se intensificaron como muestra de rechazo ante la actuación estatal. En la jornada del 2 de octubre de 1968, una concentración masiva reunió a miles en Tlatelolco. Las autoridades desplegaron elementos castrenses y al Batallón Olimpia para disolver violentamente la manifestación, dejando un saldo de muertes, lesionados y capturados. Aunque el número exacto de fallecidos sigue siendo debatido entre historiadores, investigaciones y testimonios documentan la brutalidad de los sucesos. La violencia ocurrió apenas días antes de la apertura de los Juegos Olímpicos de México, cuya ceremonia inaugural estaba programada para el 12 de octubre. Este contraste entre la imagen internacional de México como anfitrión de los juegos y la represión contra estudiantes consolidó a Tlatelolco como símbolo de la lucha por libertades democráticas y derechos fundamentales.
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